miércoles, 11 de abril de 2012

Odio el ruido que hacen mis castillos en el aire cuando se desploman.



No le gustaban los juegos de cartas.
Lo que le atraía de los naipes era esa forma ligera, endeble… capaz de construir frágiles castillos, tan altos como el pulso y la perseverancia pueden permitir. Y si una carta de arriba falla, reponerla.
Así van avanzando, poco a poco.
No le gustaba el frío. Pero había algo en el aire que le fascinaba.
Y dejó la ventana abierta.
En el momento en el que el castillo de naipes ya rozaba el cielo, una fría corriente de aire se coló en la habitación, revolviendo cortinas, cabello, cuadros.
Barriendo las fotografías sobre el piano, los naipes sobre la mesa.
El ruido que los naipes hicieron volando por el aire, cayendo sobre la mesa, sobre el suelo, sonaron como cristal roto, taladrando sus oídos. Haciendo que apretara los ojos como quien tiene miedo por la noche. Haciendo que las lágrimas aullaran por salir.



Suena: Man of Golden Words --- Mother Love Bone.

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