martes, 15 de octubre de 2013

Luz naranja

Firenze window at night, Colin Prince 

No podía dormir.

No podía dormir y no paraba de dar vueltas en la cama. Los pies aún fríos luchaban contra un nudo de sábanas. La almohada la asfixiaba y el sudor no saciaba su sed.

Abría los ojos y aparecía el espectro naranja del centro de la ciudad. Pixelado por las rendijas de la persiana. Parecía su edredón un manto de estrellas incómodo.

Cada vez que intentaba cerrar los ojos se agitaba en sueños.

Y soñaba.

No los sueños plácidos de una niña sin preocupaciones. Dormía repasando mentalmente todas las cosas por hacer que no había empezado. Ordenada, vestía y aderezaba los fantasmas de noches en vela delante de los libros. Delineaba en los folios a carboncillo los barrotes de su cárcel.

Y soñaba.

Con verdes colinas y una villa blanca de tres pisos. Con bosques de columnas corintias. Con una sombra que se cernía sobre ella, que no la dejaba escapar de esa bucólica pesadilla. Alguien se aferraba a su cintura, la amenazaba de muerte. Pero sus ojos no captaban más que belleza. Allá lejos en la colina, el viento mecía las adelfas. Tras de sí, un monstruo trajeado juraba arrebatárselo todo.

Intenta correr. Intenta salir allá donde las altas hierbas la oculten. Allí donde estará felizmente sola, lejos de esas columnas de esa blancura impoluta y del dolor en el pecho, como si la hoja de un puñal la hubiera atravesado y no la dejara escapar.

Y despertó.

El sudor bañaba sus piernas. El pelo enmarañado parecía un río de tinta por su espalda.

Abrió los ojos durante un largo rato. Tomó consciencia de todo cuanto la rodeaba: la mesita de noche seguía igual, con el libro casi al borde, la lámpara vieja y el reloj entonando el réquiem de la noche.

Por un momento sintió nostalgia. Se hizo un ovillo entre sus sábanas y llenó su mente con ideas que la hacían feliz.

El invierno en el pueblo, las calles grises, oscuras y espejadas por la lluvia. El sonido de la nieve bajo las pisadas. El abrazo de una madre debajo de las mantas. Un gato ronroneando al lado de la chimenea. La nariz sonrojada por el frío ante una taza de chocolate caliente.

Y entonces pensó en la distancia.

En el sol naranja, elevándose en un paisaje a kilómetros de allí, tanto en el espacio como en el tiempo. En los árboles blancos. En la noche más oscura. En el ruido del silencio. En la nieve bajo los pies descalzos. En el olor a madera quemada en invierno.

Y así volvió a dormir por fin.


Y los sueños la dejaron soñar despierta.


Now Playing: Wind --- Brian Crain.



Y así se pasan las noches. Cada una copia de la anterior. Hasta que ordene los papeles mojados del día a día y deje de soñar.