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| Narciso; M.A. Merissi da Caravaggio |
Hoy vengo a hablaros de un
fenómeno que se ha tendido a criticar demasiado en la sociedad en la que
vivimos; acto incongruente si tenemos en cuenta que en la sociedad (como la
llamamos) de los Mass Media, o la Sociedad de Masas, cada vez tendemos a
alzarnos en una pugna individualista por encima del resto apelando bien a
nuestras cualidades inmanentes o a aquellas que hemos logrado a través de la
filosofía, del arte o de la literatura con el paso del tiempo. Y esa búsqueda de un arsenal ideológico
no es más que una búsqueda de nosotros mismos en el tiempo y en la mente de
otros hombres. No es más que un intento de justificar nuestro
parecer, nuestros sentimientos, etc. ante el Mundo.
Reafirmarnos, hallarnos en
el espejo de la historia y del pensamiento. Porque la imagen de nosotros mismos
que en él vemos nos gusta más que la del espejo del cuarto de baño.
Freud hablaba a principios del
siglo XX del paralelismo que existe entre el concepto de Yo, la Sublimación
(entendida como la creación) y el artista. El Yo es algo que no sólo toma el
artista como tema de la obra, sino que pretende que sea además el espectador
ideal, el lector ideal (eso con lo que todo creador ha soñado), que al fin y al
cabo no es más que un reflejo de sí mismo. El Yo es el sujeto y el objeto.
Pese a esto, Freud
descalificaba bastante la creación artística y no es ese el matiz al que yo
quiero llegar con todo esto. Sin embargo, prosigamos paso a paso.
Freud hablaba de la vida
imaginaria del artista. Hablaba del creador como de un ser insatisfecho que
plasmaba en se obra una vida imaginaria, unos valores donde pretendía que todo
el mundo se reflejase y se regocijase en ellos, para así lograr la aceptación.
Al fin y al cabo no es más que dar otra vuelta de tuerca: el artista crea algo que
sale de su subconsciente, plasma algo íntimamente suyo, pero con los matices de
unos valores socialmente aceptados, de modo que todo el mundo se vea reflejado
en ellos y se regocijen. ¿Por qué? Porque ya han encontrado un discurso
dialéctico en el que verse reflejados, ya han encontrado unos pilares
ideológicos en los que cimentar sus tristes vidas.
Somos unos malditos adictos al
reflejo.
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| Los Embajadores; Hans Holbein el Joven |
Lacan le puso voz a la calavera
del cuadro Los Embajadores de Holbein
poniendo en su mandíbula (porque está más claro que el agua que las calaveras
no tienen labios): “Nunca me miras desde el lugar que yo te veo”.
Esa frase entronca con otra
preocupación contemporánea.
Los Mass Media nos han hecho tener miles de
facetas, en cada perfil desarrollamos de forma caricaturesca cualquiera de
nuestras aptitudes o rasgos del carácter, nos desinhibimos, nos deformamos, en
una burlesca anamorfosis que hace ver de nosotros cosas diferentes dependiendo
del punto del que se mire. Y cuando no recibimos la atención que buscamos nos
ofuscamos, cambiamos, mutamos en otra anamorfosis… Y el mundo marcha.
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| La calavera del cuadro de Holbein, vista del lateral derecho |
Los escritos de Lacan son
interesantes en cuanto a sus reflexiones sobre la forma de mirar y de ser
vistos (lo mismo le ocurre a un cuadro, vayáis a pensar). Esto se verá
reflejado en su Estadio del Espejo.
El Estadio del Espejo es una tesis a cerca de la necesidad que
tiene el Yo de ser reconocido por otros y de la construcción simbólica de la
identidad. Todo esto lo formula desde un punto de vista evolutivo.
Cuando un niño tiene seis
meses, no tiene conciencia de cómo es, pues ve su cuerpo fragmentado. Hasta los 18 meses de
vida, no es consciente de su corporalidad hasta que se sitúa delante
de un espejo. Comienzan a tomar consciencia de un yo corporal completo, pero claro, ese ideal se encuentra dentro de
un espejo. El niño se seguirá viendo a sí mismo como un ente fragmentado, pese
a reconocer su corporeidad completa en otra dimensión: la del espejo.
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| Venus del Espejo; Diego Velázquez |
Dice Lacan: el yo del espejo no sufre.
La
identificación que el hombre adulto establezca con sus congéneres seguirá
manteniendo ese matiz. El hombre, cuando viva en sociedad, sentirá la necesidad
de reconocerse en el otro, en sus congéneres. Esa necesidad le hará entablar
relaciones de amistad, fascinación, amor y odio con el resto. También puede
surgir la inseguridad, al ver que lo que el resto ve de nosotros no es más que
una realidad fingida, falsa, desfigurada. Poseen una información errónea de
nosotros mismos.
Según Lacan, la forma más común de superar esa inseguridad es
a través de la agresión: eliminar esa imagen difusa de nosotros mismos: invertir
las posiciones respecto al espejo, pasar al otro lado, y volver a ser un ser
completo.
Pero eso es imposible.
Now Playing: Souvenir d'un Autre Monde --- Alcest
Después de todo este análisis, quiero
dejar muy claro que las pretensiones creativas de cada uno pueden albergar
estadios muy diferentes (aunque una parte de ese impulso siempre sea el dar a
conocer al resto un fragmento oculto de nosotros mismos del que puede que ni
siquiera seamos conscientes).
A donde quería llegar era a la
siguiente idea:
Nos sentimos atraídos hacia una
manifestación artística siempre que nos veamos reflejados en ella, de un modo u
otro. Bien porque hay un matiz que habla de nosotros mismos, bien porque la
comprendemos y con eso la hacemos un poquito más nuestra.
Quiero lanzar la idea
de que existe un estilo de arte o un movimiento del pensamiento específico para
cada uno de nosotros (que suele ir cambiando con el tiempo) y que depende de lo duchos que seamos en el campo en
cuestión y de nuestro interés.
Una persona que no entienda de Arte, por ejemplo, como diría Ortega y
Gasset (aunque no estoy del todo de acuerdo con su punto de vista, es más, lo
detesto en su mayoría), se sentirá atraída y más cómoda con una obra
hiperrealista, puesto que la entiende, está acostumbrada a encontrar todos los
elementos del cuadro en la vida real, los nombra, los reconoce, conoce la
utilidad y la función que tienen en el mecanismo del mundo en el que vive.
Sin embargo, hay
quien puede ir un poco más allá, es capaz de ver en la forma el concepto, el
que es capaz de ver con los ojos cerrados.
No estoy defendiendo el Arte Conceptual
tampoco
Siempre debe de haber algo
claro y reconocible. No me gusta el Arte para unos pocos. Pero sí
debe de haber cierto veto. El Arte debe mostrar algo reconocible, una imagen.
Sin embargo el concepto, el reflejo del artista, debe de permanecer entre
bastidores. El alma, el pensamiento, debe de quedar reservado sólo para esos
pocos a los que el artista de verdad quiere comunicar algo.
Al fin y al cabo es como en
todos estos perfiles de Internet: no deberíamos mostrar una imagen
hiperrealista. Tampoco algo críptico, pues el espectador lo tacharía de
agresivo y lo odiaría. Sencillamente hay que hablar para los pocos que queremos
que nos escuchen. Hay que crear para quien queremos que nos reciban. Y nos valemos del lenguaje, que de un modo y otro todos reconocen.
Desnudarse gratuitamente delante
de todo el mundo no es algo demasiado elegante. Quien quiera desnudarte, que se
moleste en conocerte. Puede que encuentre en tu piel el espejo en el que
buscaba reflejarse.
Puede que encuentre sencillamente un lienzo en blanco.



