¿Y qué más daba?
Ya estaba harta de esa vorágine de vicios y de vivir deprisa que la rodeaban.
Estaba harta de encontrarse sola en mitad del bar, sin poder oír nada debido al
dubstep que la gente bailaba, como presas una sacudida, de una descarga
eléctrica, si no estaban con los ojos medio cerrados, cegados por el neón, o
sencillamente enredándose los unos con los otros, como en una visión dantesca
del infierno, enseñando y enredando las lenguas sibilinas. Se sentía presa de una burbuja violeta, gaseosa, inestable.
¿Qué más daba
si salía de aquel lugar ella sola?
Cuando puso un
pie en la calle, esquivando algunos charcos, se dio cuenta de que, estaba a
salvo. Tranquila. Miró a su alrededor. El vaho de su respiración se
había mezclado con la humedad del aire, dibujando sensuales olas entre las
luces de la calle, cálidas y cambiantes, como la voz del viejo guitarrista que
cantaba en la misma esquina de siempre por Johnny Cash.
Miró al fondo
de la calle, recta, blanca e iluminada, como una autopista a la nada. Una nada
negra y llena de árboles. Una nada donde, paradójicamente, se sentía más
segura.
Y así se sucedían
las noches que decidía salir de fiesta. A los mismos sitios de siempre. Con la
misma gente de siempre. Necesitaba cambiar algunas cosas, desordenar otras,
apartar una en concreto.
Y así, sin
más, removiendo la cucharilla en una taza de café vacía, pensaba que tenía que
buscar nuevas ilusiones en otros lugares (jamás lejos de el Norte; lo amaba demasiado) y formarse su propia historia (cosa
que había empezado hacía unos meses con muy buena letra).
Y así, sin
más, decidió en ese preciso instante y en ese preciso lugar, levantarse a dejar
la bandeja del desayuno en la esquina de la cafetería. En esa precisa esquina.
Estrecha y llena de bandejas.
Quién le iba a
decir que ahí iba a encontrar una sonrisa clandestina.
Algo que la
sacudió de pies a cabeza, como el impulso eléctrico de los bailarines de
dubstep, como el impulso eléctrico del contacto físico. Sólo que esta vez surgió sólo
con levantar las cejas y arquear las comisuras de los labios. Cuando esa persona en concreto hizo ese gesto en concreto.
Y en ese preciso instante.
Y en ese preciso
instante, decidió que iba a coleccionar sonrisas.
Y en ese
preciso instante, decidió que había recuperado la ilusión e iba a cambiar
ciertas cosas en su vida.
Now Playing: Rock 'n' Roll --- Poets and Pornstars.
Qué graciosa es la vida, que cuando menos te lo esperas, en mitad de tu feliz presente, decide darte cucharadas soperas del pasado.
Qué graciosa soy yo, cuando le cierro la puerta de un portazo y con la mayor de las sonrisas :)
