domingo, 4 de noviembre de 2012

El club de las sonrisas clandestinas



¿Y qué más daba? 

Ya estaba harta de esa vorágine de vicios y de vivir deprisa que la rodeaban. 
Estaba harta de encontrarse sola en mitad del bar, sin poder oír nada debido al dubstep que la gente bailaba, como presas una sacudida, de una descarga eléctrica, si no estaban con los ojos medio cerrados, cegados por el neón, o sencillamente enredándose los unos con los otros, como en una visión dantesca del infierno, enseñando y enredando las lenguas sibilinas. Se sentía presa de una burbuja violeta, gaseosa, inestable.

¿Qué más daba si salía de aquel lugar ella sola?

Cuando puso un pie en la calle, esquivando algunos charcos, se dio cuenta de que, estaba a salvo. Tranquila. Miró a su alrededor. El vaho de su respiración se había mezclado con la humedad del aire, dibujando sensuales olas entre las luces de la calle, cálidas y cambiantes, como la voz del viejo guitarrista que cantaba en la misma esquina de siempre por Johnny Cash.

Miró al fondo de la calle, recta, blanca e iluminada, como una autopista a la nada. Una nada negra y llena de árboles. Una nada donde, paradójicamente, se sentía más segura.

Y así se sucedían las noches que decidía salir de fiesta. A los mismos sitios de siempre. Con la misma gente de siempre. Necesitaba cambiar algunas cosas, desordenar otras, apartar una en concreto.

Y así, sin más, removiendo la cucharilla en una taza de café vacía, pensaba que tenía que buscar nuevas ilusiones en otros lugares (jamás lejos de el Norte; lo amaba demasiado) y formarse su propia historia (cosa que había empezado hacía unos meses con muy buena letra).

Y así, sin más, decidió en ese preciso instante y en ese preciso lugar, levantarse a dejar la bandeja del desayuno en la esquina de la cafetería. En esa precisa esquina. Estrecha y llena de bandejas.

Quién le iba a decir que ahí iba a encontrar una sonrisa clandestina.

Algo que la sacudió de pies a cabeza, como el impulso eléctrico de los bailarines de dubstep, como el impulso eléctrico del contacto físico. Sólo que esta vez surgió sólo con levantar las cejas y arquear las comisuras de los labios. Cuando esa persona en concreto hizo ese gesto en concreto.

Y en ese preciso instante.

Y en ese preciso instante, decidió que iba a coleccionar sonrisas.

Y en ese preciso instante, decidió que había recuperado la ilusión e iba a cambiar ciertas cosas en su vida.

Y ese día le salió todo redondo.



Now Playing: Rock 'n' Roll --- Poets and Pornstars.



Qué graciosa es la vida, que cuando menos te lo esperas, en mitad de tu feliz presente, decide darte cucharadas soperas del pasado.
Qué graciosa soy yo, cuando le cierro la puerta de un portazo y con la mayor de las sonrisas :)