[Advertencia: esta entrada puede
herir la sensibilidad artística de algunos.]
Queridos lectores, no hay cosa
que me enfade más que no ser capaz de hablar a la misma velocidad a la que
pienso. Se me agolpan las palabras en la cabeza porque por la boca no salen al
mismo ritmo, y alguna cretina se escapa antes de tiempo. Total, que parezco
tonta. Soy más de escribir.
Pues bien, ayer estábamos
manteniendo cierto debate a santo del cambio entre el arte figurativo al arte
abstracto dentro de la institución artística, poniéndolo en relación con la
música tonal y la música atonal. Sinceramente, éste me pareció un debate anacrónico,
ya que en esa sucesión de acontecimientos el arte iba unos 30 años por delante.
Intentando poner estas ideas en orden surgió un comentario que debo destacar
por encima del resto.
“Estamos ante el declive del arte
culto. El arte abstracto y la música dodecafónica sólo se aprecian a punta de
pistola, es por esto que se vuelve a la tonalidad, a la música sencilla y al
arte figurativo. Hace unas décadas nada se sabía del artista Antonio López,
mientras que hoy día se ha convertido en el artista del momento”.
![]() |
| Madrid desde las Torres Blancas. Antonio López. |
No habría escogido un artista
peor para concluir con el debate.
Si como decía Adorno, a través del
arte puede conocerse una sociedad, ¿en qué clase de sociedad nos hemos
convertido si acatamos el híper-realismo como arte de nuestra época? En ese
retorno a la imagen fidedigna, a una copia artesana y minuciosa de lo que nos
rodea, ¿dónde ha quedado el discurso artístico? A mi entender, en los dos
extremos (el híper-realismo y la no figuración extrema) nos encontramos una
parodia de la Historia del Arte. Nos hemos convertido en una sociedad que
parodia su propia tradición artística en un continuo retorno a formas del
pasado que no son nada más que eso: forma. Hacer por hacer. Creamos un discurso
híper-realista porque es lo que el público inculto consume con más avidez. ¿Por
qué? Porque pensamos de forma lacaniana hasta la saciedad. Ya lo mencioné en
otra entrada de este blog: somos unos adictos al espejo. Nos reconocemos en los
objetos y reconocemos en las copias lo que nos rodea, y a mayor fidelidad de la
copia mejor nos parece el trabajo. Pues yo me siento como el pájaro que va a
picar las uvas de Zeuxis: víctima de un engañabobos.
Lo mismo me ocurre con la no
figuración por la no figuración. Desde que la dinámica de mercado irrumpió en
el mundo del arte con más fuerza tras la posmodernidad nos hemos convertido
además en una sociedad generadora de residuos. Y hemos producido tanto, que
hemos pasado a considerar algunos de esos residuos como arte (había que empezar
a venderlos si queríamos seguir con el capitalismo, ¿no es así?). ¿Y por qué se
consideran como arte? Porque lo dice un museo. Se puso tan de moda manchar
lienzos o recoger otros materiales para darles la vuelta que el papel del
aficionado al arte ha virado desde el diálogo a la aceptación o no aceptación.
Y se crearon templos para el engaño y las mamarrachadas.
En este particular, comulgo con
las ideas de Catherine Millet, quien dice que conforme avanzaba la segunda
mitad del siglo XX la sociedad carece de un discurso común que aglutine la
causa cultural. Ni nos estamos confrontando contra la gran ciudad, ni
combatimos la imposición de una “ideología dominante”. La Globalización que se
dio en las sociedades occidentales ha derivado a la paradójica situación de una
atomización en el discurso del arte: cada creador o cada artesano reivindica su
derecho a marcar la diferencia. Lejos de construir una utopía con el arte, de
buscar una sociedad mejor, la solución que se ha optado es cubrirse las
espaldas cada uno a su manera, creando el discurso de: si no te gusta, es que
no lo (me) entiendes.
Y ante esto podréis pensar: “pues
Antonio López en ese aspecto es un visionario, un abanderado del pueblo y del
arte colectivo ya que crea cosas que todo el mundo entiende”. A lo que
respondo: ¿y dónde ha quedado la intención creadora que ha caracterizado al
artista durante todo el transcurrir de la historia? ¿Qué te quiere contar con
sus pinturas que no te pueda contar la calle por la que paseas? La calle por la
que paseas te puede contar incluso más cosas. A diferencia de las pinturas de
Antonio López, en las calles hay personas. Pequeños universos paralelos
(algunos más profundos y más difíciles de escudriñar que otros) que viven y que
interactúan como en un gran caldo de cultivo. Es en ese bullir donde deben de
surgir las ideas. Y no me vale que te tires meses haciendo un trabajo (sea cual
sea) por el mero hecho de hacerlo, sin ideas detrás, esperando que sea otra
persona quien justifique tu trabajo.
Eso: el vacío ideológico detrás
del arte de la sociedad actual; es lo que une el arte de Antonio López con las
mamarrachadas contemporáneas de Luis Gordillo, por citar a otro carcamal, por
ejemplo. Estamos ante la actitud pasiva de “que lo haga otro”, no somos más que
la institución que legitima El hombre sin
contenido del que habla Giorgio Agamben. Aceptamos estas manifestaciones
como el arte de nuestro tiempo porque somos una panda de cabezas huecas. Qué
bien nos vendría una educación como dios manda.
![]() |
| Globuloso Chiclóide selvático. Luis Gordillo. |
Tengo aún fe en los artistas y en
los genios. Creo en los genios y creo en la humildad del genio (paradójico, ¿a que sí?), capaz de crear
discursos de verdadero calado social y de hermanamiento. Creo en que existe un
espíritu, una forma de pensar o una capacidad oculta del intelecto que es capaz
de vivir de forma simbiótica con la creación artística, independientemente del
registro que esta creación artística tome.
Ayer se comparó la figuración o
la tonalidad con el espíritu. Igual pequé de idealista al pensar que esa
afirmación es falsísima. Kandinsky ya nos demostró que el espíritu también está
presente en la forma abstracta, y creo que nadie como él lo hizo de forma más
elegante y certera. Y al igual que él, pienso que el papel de los artistas debe
de partir de una incomprensión inicial, pero que esa incomprensión ayude a la
sociedad a la que va destinado el arte a realizar una actividad de meditación y
recapacitación que les ayude a dar un pasito adelante, a ser un poquito mejores
y a tener consciencia de otros horizontes (que van más allá de lo que pase en
Gran Hermano o de lo que te mande la Jenny por WhatsApp).
![]() |
| Negro y Violeta. Wassily Kandinsky |
Pese a lo que creamos hoy día, el
arte juega un papel en la sociedad que no supone ni una milésima parte de lo
que fue antaño. Nuestra cultura, cada vez más rica y con más posibilidades
gracias a avances como Internet, es también más fragmentaria. Vivimos gracias
al suero de las citas, de los nombres y de las apariencias. De la carcasa sin
contenido.
Qué poco me gusta el
híper-realismo. Qué poco me gusta el hacer por hacer.
De música hablamos otro día.
Now Playing: When That head splits --- Esben and the Witch















