El Arte como diarrea mental e indigestión de conceptos no es lo que yo persigo. Yo persigo una forma. Y esa forma es la O que hace una boca sorprendida.
Estaba yo pensando en estos meses que he pasado en Finlandia y en lo rápido que se me ha pasado el tiempo. Me ha dado por recapitular mirando fechas de fotografías todo lo que me ha pasado en tres meses y lo rápido que gira la moneda en el aire, mostrando cada vez una cara diferente.
Me he dado cuenta de que los granos de arena del reloj siguen cayendo y que casi todo lo bueno se me ha esfumado, se ha licuado entre mis dedos.
Estaba yo penando...
Y oye, aún me quedan dos meses aquí en el Norte. Dos meses en los que aún me pueden pasar mil cosas. En los que la moneda puede seguir girando.
En los que, si quiero, puedo lanzar más monedas al aire.
En los que aún pueden abrirse ante mis ojos otras aventuras.
(Con la nieve y el hielo, no me cabe la menor duda)
Now Playing: Pohjoista Viljaa --- Viikate
Lo que sí sé más que seguro, es que voy a echar muchísimo de menos este país. Cada paso que me adentro en su gente, en su cultura, en sus bosques, en su música y en su vida cotidiana, en su idioma, sus costumbres, su sentido del humor, su forma de afrontar la vida... Cada minuto que pasa de mi tiempo, me siento más enamorada de Finlandia.
El vagón de
metro en el que montaba paró en una sombría estación. Mis pasos retumbaban
sordos contra el suelo, en un pasillo oscuro. Me guiaba con las manos para
poder ir adelante. Mis pasos eran lentos, titubeantes. Inseguros, como quien no
puede andar más rápido porque le pesa el corazón.
Al fondo del pasillo había
una luz. No era una luz blanca y fría como la luz de la muerte. Era una luz
amarillenta, cálida, sepia. Como una antigua fotografía. Y entonces me di
cuenta del lugar al que mis pasos me habían llevado sin querer.
Doblé la
esquina, en mitad del oscuro pasillo.
Al principio la luz me cegó. Cuando pude
abrir los ojos algo se movió de repente en mí. La sensación que experimenté fue
como la de mirar atrás en el tiempo, y es que ¿qué demonios? ¡Había llegado al
interior de la mente de una niña de doce años!
Atisbé una de
las esquinas de la estancia. Un tren acababa de parar en la estación de metro.
La gente caminaba agitada, gris, con prisa, taciturnos. Cotidianos. Allí, una niña que rozaba los tiernos quince se retiraba el pelo de la cara
para colocárselo tras la oreja, ladeaba la cabeza, mordiéndose sutilmente el
labio, concentrada. Sus ojos ambarinos miraban nerviosos a lo largo de la
estación, seguidos de sus manos, que empuñaban un bolígrafo que hacía torpes y rápidos trazos en una libreta de papel de cuadros.
Estaba allí sentada. Pasaba desapercibida para el resto de la gente.
No para
mí.
Ella había captado toda mi atención sin quererlo, cazadora furtiva.
Sus ojos se
posaron sobre mí, pero sentí que me atravesaban, como si no me viera. No era yo
lo que de repente había cautivado su atención. A mi lado pasó un muchacho. No
mucho más alto que yo, con unas facciones curiosas, a caballo entre la más
tierna infancia y la más cruda madurez. Sus ojos se encontraron.
Saltó la
chispa que prendería el incendio.
Algo más
surgió de esa chispa. El papel sepia de la fotografía se quemó, la cinta de la
película pareció romperse mientras el lector seguía girando a un ritmo de
vértigo. Todo se volvió negro. Pero yo conocía ya el final. Mi imaginación se
disparó hacia lugares lejanos como si de un pájaro de fuego se tratase.
Por supuesto
que conocía aquella historia.
Por supuesto
que sabía el final.
Lo único que
había hecho, había sido contemplar el principio de todo.
Y sin darme
cuenta, el pasillo oscuro por el que caminaba se iluminó. A mi alrededor
aparecieron miles de indicaciones, miles de flechas, cruces que marcaban el
camino que ya había seguido, flechas que se abrían en abanico hacia mil
destinos…
Mr. Nobody
Y sin embargo había una más grande que el resto. Una que seguí
ferozmente, rápidamente, con el corazón en un puño y con una espada en la otra
(¿Qué espada es esa? ¿Ha cambiado de repente la historia? Si me conocéis desde muchos años atrás, pensad un poco).
Sin darme
cuenta, había llegado allí donde la imaginación ya me había llevado una vez,
salvo que con una historia totalmente diferente: la mía propia.
¿Es a caso
esta estación de metro otra señal de comienzo? ¿Qué nueva historia empieza en
este punto y seguido?
Las decisiones y las ocasiones son algo que pasan tan rápido y que nos dan tanto material para soñar, tantas posibilidades...
Now Playing: Shipping up to Boston (instrumental) --- Dropkick Murphys
En algunas ocasiones me dan ganas de mandar a la mierda todo lo que me ata, plantarle cara a la realidad como toda una valiente.
The woods are getting naked and the weather is getting colder
I can feel this Fall deep inside my bones
I hear the call of the birds, they're going to leave us
I wonder how they know their destination
The woods are turning colors, the wilderness is shinig
The North prepares for Winter 'cause it will be cruel
The birds are calling gether, they're going to leave us
I always wonder how they know where to fly...
[...]
Creo que no hay mucho más que explicar de Finlandia en estos momentos. Vivo desconectada de las noticias en todos los aspectos. Si conozco la situación de España es casi de refilón, como quien no quiere la cosa. Pero no es de eso de lo que quiero hablar.
Finlandia está preciosa. Huele a invierno. Me encanta volver de noche de la universidad (quien dice de noche, dice a las siete de la tarde y cada día anochece antes) con mi bici. Me encanta ver el naranja de las luces que alumbran el caminito a casa reflejadas en el asfalto mojado, refractadas en la alfombra de hojas amarillas que lo inundan todo (y que hacen un poquito más imposible la vida del ciclista, todo sea dicho). Es divertido empezar a escribir con tono medio poético y luego hacerle contrapunto con la pura verdad, ¿eh?
Lo que sí es verdad y que no tiene contrapunto es que Finlandia tiene un olor diferente. Es aire limpio. Puedes oler el invierno. El invierno huele a casitas en el bosque con la chimenea de la sauna abierta. Me encanta el olor a sauna. Es ese olor que resulta de quemar esa madera tan peculiar mezclado con la humedad y el frío (que puede llegar a ser punzante) de las noches. Y el olor a tierra mojada persistente.
Finlandia puede parecer un lugar algo inhóspito para vivir, para pasar la erasmus, para lo que sea. Pero dejad que remarque la palabra parece, porque para nada ésa es la realidad. Cada vez que vuelvo a casa y me adentro en ese caminito rodeado de árboles, plagado de luces lejanas, de casitas que preparan lo que sea para cenar, que huelen a invierno, a madera quemada, a madera mojada; cada vez que miro al cielo y veo nubes moverse, delineando lo que debiera ser el sol; cada vez que miro al horizonte y lo que veo es una paleta inmensa de colores y de ocres...
No puedo evitar sonreír.
No puedo evitar suspirar.
Y es que me hace tan feliz toda la naturaleza que me rodea...