El Arte como diarrea mental e indigestión de conceptos no es lo que yo persigo. Yo persigo una forma. Y esa forma es la O que hace una boca sorprendida.
"...The wall of the room was totally painted in
white, like the white of the mental hospitals.
The drawers of the cupboard were totally empty,
the pieces of newspaper pages were spread on the floor; like the zoo cage of a
wild beast just tired, still keeping on dreaming about the time she was running
free, full of joy, of happiness, of life; of youth.
She was keeping on playing with the people of
her memories like with a dolls house; arranging dates, wanting just to come
around tomorrow with people that maybe were so far away, hundreds of kilometers
away; in some point far above the clouds.
The doors were closing loudly after some steps,
after people leaving. The desperate yells were rasping her throat with the
sound of silence, the white color of the snow was erasing the prints of the
feet that walked that same way one night in August.
The spirit of the hourglass was riding loudly
after her, still trying to escape through the dark forest, crashing heavily against
the trees she once loved; sinking deep into the frozen lake…
Just let me hug this specter of steam that gets
evanescent every time my fingers caress it.
When my eyes finally opened…
It was again the same story –like waking up of
the most wonderful dream ever dreamt."
[...]
"...The cities are changing; the traffic lights are
following its course.
They used to tell her that she speaks too much –that
she has such a large heart, a short patience, long legs and the easy gift of
messing up all the time; like a main character of a song of Lana del Rey. So
she is; the most rebel person I’ve ever met, the most childish and impulsive
person I’ve ever loved. They toke too little care. You deserved too much.
She dreamt once with reaching Heaven but every time
she tried she sailed off-shore in the ocean of Hell. She, little passing thing
that tried to preserve her print everywhere she goes. Poor little doll into the
dinosaur dress. Poor delirium, custard dessert; she sweetheart, north wind,
vanity and conceit, changing girl always incarcerate.
If only had the key of your smiles…"
[...]
Things just end. The last sand grain of the
hourglass is struggling against touching the bottom. Their desperate hands are
up to catch it, to make it eternal, equal as the rest of them…
This is ringing the end. The clock alarm is
pounding loudly inside my head and I cannot stop it, like in the middle of a
nightmare.
Finland i getting colder now and is going to be
worse without you, guys.
This letters are for you. For everyone that made
me falling in love with Finland. For everyone that made me falling in love at
some point.
No me gusta despedirme de la gente...
Now Playing: Pizzigatos --- Love of Lesbian
En todos esos cielos brilla igual nuestra luna llena
y sí...
Seguís siendo los mejores.
Gracias a todos los que han hecho de esta eramus algo muy grande.
Ya estaba harta de esa vorágine de vicios y de vivir deprisa que la rodeaban.
Estaba harta de encontrarse sola en mitad del bar, sin poder oír nada debido al
dubstep que la gente bailaba, como presas una sacudida, de una descarga
eléctrica, si no estaban con los ojos medio cerrados, cegados por el neón, o
sencillamente enredándose los unos con los otros, como en una visión dantesca
del infierno, enseñando y enredando las lenguas sibilinas. Se sentía presa de una burbuja violeta, gaseosa, inestable.
¿Qué más daba
si salía de aquel lugar ella sola?
Cuando puso un
pie en la calle, esquivando algunos charcos, se dio cuenta de que, estaba a
salvo. Tranquila. Miró a su alrededor. El vaho de su respiración se
había mezclado con la humedad del aire, dibujando sensuales olas entre las
luces de la calle, cálidas y cambiantes, como la voz del viejo guitarrista que
cantaba en la misma esquina de siempre por Johnny Cash.
Miró al fondo
de la calle, recta, blanca e iluminada, como una autopista a la nada. Una nada
negra y llena de árboles. Una nada donde, paradójicamente, se sentía más
segura.
Y así se sucedían
las noches que decidía salir de fiesta. A los mismos sitios de siempre. Con la
misma gente de siempre. Necesitaba cambiar algunas cosas, desordenar otras,
apartar una en concreto.
Y así, sin
más, removiendo la cucharilla en una taza de café vacía, pensaba que tenía que
buscar nuevas ilusiones en otros lugares (jamás lejos de el Norte; lo amaba demasiado) y formarse su propia historia (cosa
que había empezado hacía unos meses con muy buena letra).
Y así, sin
más, decidió en ese preciso instante y en ese preciso lugar, levantarse a dejar
la bandeja del desayuno en la esquina de la cafetería. En esa precisa esquina.
Estrecha y llena de bandejas.
Quién le iba a
decir que ahí iba a encontrar una sonrisa clandestina.
Algo que la
sacudió de pies a cabeza, como el impulso eléctrico de los bailarines de
dubstep, como el impulso eléctrico del contacto físico. Sólo que esta vez surgió sólo
con levantar las cejas y arquear las comisuras de los labios. Cuando esa persona en concreto hizo ese gesto en concreto.
Y en ese preciso instante.
Y en ese preciso
instante, decidió que iba a coleccionar sonrisas.
Y en ese
preciso instante, decidió que había recuperado la ilusión e iba a cambiar
ciertas cosas en su vida.
Y ese día le
salió todo redondo.
Now Playing: Rock 'n' Roll --- Poets and Pornstars.
Qué graciosa es la vida, que cuando menos te lo esperas, en mitad de tu feliz presente, decide darte cucharadas soperas del pasado.
Qué graciosa soy yo, cuando le cierro la puerta de un portazo y con la mayor de las sonrisas :)
Estaba yo pensando en estos meses que he pasado en Finlandia y en lo rápido que se me ha pasado el tiempo. Me ha dado por recapitular mirando fechas de fotografías todo lo que me ha pasado en tres meses y lo rápido que gira la moneda en el aire, mostrando cada vez una cara diferente.
Me he dado cuenta de que los granos de arena del reloj siguen cayendo y que casi todo lo bueno se me ha esfumado, se ha licuado entre mis dedos.
Estaba yo penando...
Y oye, aún me quedan dos meses aquí en el Norte. Dos meses en los que aún me pueden pasar mil cosas. En los que la moneda puede seguir girando.
En los que, si quiero, puedo lanzar más monedas al aire.
En los que aún pueden abrirse ante mis ojos otras aventuras.
(Con la nieve y el hielo, no me cabe la menor duda)
Now Playing: Pohjoista Viljaa --- Viikate
Lo que sí sé más que seguro, es que voy a echar muchísimo de menos este país. Cada paso que me adentro en su gente, en su cultura, en sus bosques, en su música y en su vida cotidiana, en su idioma, sus costumbres, su sentido del humor, su forma de afrontar la vida... Cada minuto que pasa de mi tiempo, me siento más enamorada de Finlandia.
El vagón de
metro en el que montaba paró en una sombría estación. Mis pasos retumbaban
sordos contra el suelo, en un pasillo oscuro. Me guiaba con las manos para
poder ir adelante. Mis pasos eran lentos, titubeantes. Inseguros, como quien no
puede andar más rápido porque le pesa el corazón.
Al fondo del pasillo había
una luz. No era una luz blanca y fría como la luz de la muerte. Era una luz
amarillenta, cálida, sepia. Como una antigua fotografía. Y entonces me di
cuenta del lugar al que mis pasos me habían llevado sin querer.
Doblé la
esquina, en mitad del oscuro pasillo.
Al principio la luz me cegó. Cuando pude
abrir los ojos algo se movió de repente en mí. La sensación que experimenté fue
como la de mirar atrás en el tiempo, y es que ¿qué demonios? ¡Había llegado al
interior de la mente de una niña de doce años!
Atisbé una de
las esquinas de la estancia. Un tren acababa de parar en la estación de metro.
La gente caminaba agitada, gris, con prisa, taciturnos. Cotidianos. Allí, una niña que rozaba los tiernos quince se retiraba el pelo de la cara
para colocárselo tras la oreja, ladeaba la cabeza, mordiéndose sutilmente el
labio, concentrada. Sus ojos ambarinos miraban nerviosos a lo largo de la
estación, seguidos de sus manos, que empuñaban un bolígrafo que hacía torpes y rápidos trazos en una libreta de papel de cuadros.
Estaba allí sentada. Pasaba desapercibida para el resto de la gente.
No para
mí.
Ella había captado toda mi atención sin quererlo, cazadora furtiva.
Sus ojos se
posaron sobre mí, pero sentí que me atravesaban, como si no me viera. No era yo
lo que de repente había cautivado su atención. A mi lado pasó un muchacho. No
mucho más alto que yo, con unas facciones curiosas, a caballo entre la más
tierna infancia y la más cruda madurez. Sus ojos se encontraron.
Saltó la
chispa que prendería el incendio.
Algo más
surgió de esa chispa. El papel sepia de la fotografía se quemó, la cinta de la
película pareció romperse mientras el lector seguía girando a un ritmo de
vértigo. Todo se volvió negro. Pero yo conocía ya el final. Mi imaginación se
disparó hacia lugares lejanos como si de un pájaro de fuego se tratase.
Por supuesto
que conocía aquella historia.
Por supuesto
que sabía el final.
Lo único que
había hecho, había sido contemplar el principio de todo.
Y sin darme
cuenta, el pasillo oscuro por el que caminaba se iluminó. A mi alrededor
aparecieron miles de indicaciones, miles de flechas, cruces que marcaban el
camino que ya había seguido, flechas que se abrían en abanico hacia mil
destinos…
Mr. Nobody
Y sin embargo había una más grande que el resto. Una que seguí
ferozmente, rápidamente, con el corazón en un puño y con una espada en la otra
(¿Qué espada es esa? ¿Ha cambiado de repente la historia? Si me conocéis desde muchos años atrás, pensad un poco).
Sin darme
cuenta, había llegado allí donde la imaginación ya me había llevado una vez,
salvo que con una historia totalmente diferente: la mía propia.
¿Es a caso
esta estación de metro otra señal de comienzo? ¿Qué nueva historia empieza en
este punto y seguido?
Las decisiones y las ocasiones son algo que pasan tan rápido y que nos dan tanto material para soñar, tantas posibilidades...
Now Playing: Shipping up to Boston (instrumental) --- Dropkick Murphys
En algunas ocasiones me dan ganas de mandar a la mierda todo lo que me ata, plantarle cara a la realidad como toda una valiente.
The woods are getting naked and the weather is getting colder
I can feel this Fall deep inside my bones
I hear the call of the birds, they're going to leave us
I wonder how they know their destination
The woods are turning colors, the wilderness is shinig
The North prepares for Winter 'cause it will be cruel
The birds are calling gether, they're going to leave us
I always wonder how they know where to fly...
[...]
Creo que no hay mucho más que explicar de Finlandia en estos momentos. Vivo desconectada de las noticias en todos los aspectos. Si conozco la situación de España es casi de refilón, como quien no quiere la cosa. Pero no es de eso de lo que quiero hablar.
Finlandia está preciosa. Huele a invierno. Me encanta volver de noche de la universidad (quien dice de noche, dice a las siete de la tarde y cada día anochece antes) con mi bici. Me encanta ver el naranja de las luces que alumbran el caminito a casa reflejadas en el asfalto mojado, refractadas en la alfombra de hojas amarillas que lo inundan todo (y que hacen un poquito más imposible la vida del ciclista, todo sea dicho). Es divertido empezar a escribir con tono medio poético y luego hacerle contrapunto con la pura verdad, ¿eh?
Lo que sí es verdad y que no tiene contrapunto es que Finlandia tiene un olor diferente. Es aire limpio. Puedes oler el invierno. El invierno huele a casitas en el bosque con la chimenea de la sauna abierta. Me encanta el olor a sauna. Es ese olor que resulta de quemar esa madera tan peculiar mezclado con la humedad y el frío (que puede llegar a ser punzante) de las noches. Y el olor a tierra mojada persistente.
Finlandia puede parecer un lugar algo inhóspito para vivir, para pasar la erasmus, para lo que sea. Pero dejad que remarque la palabra parece, porque para nada ésa es la realidad. Cada vez que vuelvo a casa y me adentro en ese caminito rodeado de árboles, plagado de luces lejanas, de casitas que preparan lo que sea para cenar, que huelen a invierno, a madera quemada, a madera mojada; cada vez que miro al cielo y veo nubes moverse, delineando lo que debiera ser el sol; cada vez que miro al horizonte y lo que veo es una paleta inmensa de colores y de ocres...
No puedo evitar sonreír.
No puedo evitar suspirar.
Y es que me hace tan feliz toda la naturaleza que me rodea...
No hay mucho más que describir. Las notas de la guitarra me recuerdan que el invierno tiene su propio olor, que el cielo al atardecer aquí tiene diferentes colores y que los árboles pueden estar hechos de cobre y oro.
Las notas de la guitarra me recuerdan que allá donde el frío tiene su propio país y sus propios castillos, siempre hay aventureros que con una sonrisa se calzan las botas para salir a caminar, a saltar los charcos, a pisar las hojas del suelo, a hundirse en la nieve, a trepar a los árboles.
Canta conmigo, camina conmigo, dame tu mano. Te enseñaré el camino.
Jamás imaginé que la felicidad se escondía en lo más profundo del Norte.
"...El ascensor
bajó del quinto, dibujando una estela vertical de luz en su cara. La misma
línea que dibujaría una lágrima si la tuviera. No en ese momento.
Él se marchó,
dejando que la puerta se cerrara tras de él, con la misma lentitud que las
agujas del reloj marcaron el segundo. El portazo, el próximo latido del
corazón, que sonó a cristales rotos contra el suelo. Un suelo que destilaba
barro y lluvia.
En ese momento
recordó el ruido de las piedras rebotando en la ventana, de los pedales de la
bicicleta una noche de agosto. Recordó el ruido de su peso al caer contra el
suelo. Como quien cae al vacío.
Las cosas
habían cambiado en cuestión de muy poco tiempo. De segundos, de portazos, de
suspiros, de gemidos, de golpes, de lágrimas, de pasos, de caídas y de
sonrisas.
Le recordaba a
él, tomándola de las manos, mirando y leyendo a través de sus ojos con la misma
devoción del niño que mira un pastel a través del cristal del horno. Le
recordaba a él, besándola en la mejilla, dibujando el contorno de su cara con
el dedo índice.
-No sabes lo
preciosa que estás ahora.
Lo estaba. Con
el pelo enmarañado de la humedad, los ojos brillantes y el corazón alegre.
-Cuando te vi
esta noche, sentada al lado del balcón, con esa flor en el pelo, pensé: guau…
Y las hojas de
los árboles empezaron a caerse creando un edredón rojo en el suelo. Un edredón
del mismo rojo de aquél que yacía en su cama.
-Mírame a los
ojos y dime cuánto te gusto. De una escala del cero al doce, ¿yo qué número
soy?
-¿Qué esperas
que conteste a eso?
-Peleo por un
doce, por supuesto.
Y su olor se
convirtió en aquel en el que ella podría perderse, dormirse, construirse una
fortaleza que la protegiera para siempre y cuyas murallas fueran sus brazos.
-¿Aún estás despierta?
-Sí, aunque son las tres de la mañana...
-Entonces mira por tu ventana y ábreme la puerta.
Pero las piedras de la muralla eran grandes y pesadas. Ese tipo de piedras que caen con facilidad.
-Dame
libertad. Después de este mes sobreviviendo aquí me he dado cuenta de que no
eres la chica más bonita. No puedo darte lo que buscas. Ojalá pudiera.
Y la flor de
su pelo se perdió allá en el mar Báltico, desdeñada, impulsada por el viento a
la deriva. Volvió a convertirse en tormenta, en agua, en fluir. La bomba de
relojería empezó a fraguarse en su cabeza, los cables se cortaron.
Y estalló el
desastre.
Y volvieron
las noches a oscuras, sentada junto al balcón observando luces blancas.
Esperaba quizás que él volviera por esa puerta a sorprenderse con su persona,
con su fragancia, con sus manías y con sus sonrisas de punto y seguido.
Ahora la
sonrisa se dibujaba invertida y gritaba punto y final.
Él salió por
esa puerta, dejándola junto al balcón, con el pelo enmarañado por la humedad,
los ojos brillantes y el corazón montado en un ascensor rumbo a la planta baja. No era la muchacha más bonita del lugar.
La puerta se
cerró tras de él. Un segundo bastó para que ella la volviera abrir.
La luz del
ascensor en el pasillo recortaba su figura en la oscuridad. La distancia entre ellos
era eléctrica y estática.
-Jamás sentiré
nada por ti. Nunca nada como lo que buscas. Nunca jamás.
Y empezó a
llover.
Algo en él se
movió, como aún nostálgico. Como si buscara un abrazo de buenas noches.
Algo en ella
se movió, como si buscara algo. Como si pensara que ahora debía encontrar otra
persona en la que perderse y por la que valiera más la pena pelear.
Y su mente
montó en otro ascensor rumbo a un piso más alto, cuando verdaderamente su
corazón ponía rumbo abajo, intentando recuperar a la persona que acababa de
abandonar el edificio."
[...]
Now Playing: Upward over the Mountain --- Iron and Wine
A Red Rose to find the true love in others eyes, in others lips, in others song.
"Give me a Red Rose and I will sing you my sweetest song"
The Nightingale was always wandering.
"Give me a Red Rose and I will sing you my sweetest song".
Helping, caring.
"My roses are Red. As Red as the feet of the dove, and redder than the greats fans of coral that wave and wave in the ocean-cavern. But the winter has chilled my veins, and the frost have nipped my buds, and the storm has broken my branches, and I shall have no roses in all this year".
There were only a way to reach it.
That way was related with the tears of the Nightingale.
"You must build it out of Music by the Moonlight, and staind it with your own hearts blood"
"I'm not afraid".
And like a shadow left.
And in the shadows died.
Singing, wandering, loving.
That's love.
Always is pressure againts the thorn.
"Has the Nightingale feelings?"
Was the Young Man wandering.
Wandering when the facts were pointing.
Pointing to the Moon, to the Pale Rose painted in Red.
"A Red Rose is all that you need".
A Red Rose, not me.
That's what the Sparrow was reading.
The Sparrow dind't know how to sing.
The Sparrow was not as beautiful as the Nightingale.
That's because she was crying, shouting.
Shouting while the preassure over her tiny breast was killing her.
Only to get a Red Rose for someone else.
It's always the same.
[...]
She loves you not, she loves you still, but she'll never love again.
She lais besides you, but she will be there when you're gone.
Black heart scarring darker still.
Yes, she will be there when you're gone.
Dead sure she'll be there.
[...]
Dead sure I'll be there.
Now Playing: The Unforgiven II --- Metallica
Give me a Red Rose and I will sing my sweetest song.
I was wandering, even when I know you can't.
---
Lost. Just pushed out by inertia. I don't know where am I going.
Llévame allí
donde sople el viento y meza la copa de los pinos.
Allí donde el
cielo se vuelva infinito reflejo, herido de cañas y cantos rodados.
Déjame seguir
la estela de los barcos, el sentido contrario a las nubes de tormenta.
Y que una gota
anuncie el desborde.
Que sean los
árboles el único cobijo.
Alfombra para
los más abstractos de los palacios.
Blancos.
Llévame lejos.
Llévame lejos,
allá donde lo cotidiano se vuelva asombroso.
Allá donde lo
imprevisto sea lo más perfecto.
¿Hueles la lluvia en mi pelo?
No me voy a poner pesada con las tonterías que suele soltar la gente en los blogs cuando está de erasmus. Sí, estoy pasando las mejores semanas de mi vida (esperemos a que llegue el invierno a este país, que me voy a cagar) y estoy conociendo mucha gente.
Finlandia me encanta.
Y me encuentro como nunca.
Now Playing: Young Blood --- The Naked and Famous (OST de las quedadas nocturnas en el piso de mi colega italiano)
Así suena mi Finlandia, señores. Por ahora. El metal me espera a la vuelta de la esquina y me mira con ojitos tiernos.
Cada paso que
me acerca a Finlandia es un paso hacia un paisaje blanco, infinito. Nevado. Frío.
Vacío.
Un vacío que
yo tengo que llenar de nuevo mientras tú te alejas para no volver.
Una vez que
mis pies toquen el suelo del Fin del Mundo, el círculo se habrá cerrado.
Era lo que yo
siempre quería.
Pedí a gritos
olvidar y crear desde cero una vida nueva.
Sin embargo,
quizás olvidé que no somos nadie sin nuestros recuerdos. Y no tenemos forma en
este mundo sin las manos que nos modelaron. Han sido tantas…
Cortarse el
pelo, cambiar de gafas, de perfume, de país. Quizás llegue el día en que nos
crucemos por la calle y no nos reconozcamos.
Puede que no queramos reconocernos. Al fin y al cabo, nada va a cambiar. Me acabaría
cansando de ti y de tu simpleza. Acabarías aborreciéndome a mí y odiando mis
manías más que nunca. Como siempre.
Volverías a
encerrarte en tu espiral de apariencias y de alcohol, que te acerca cada noche a
un regazo cálido, nuevo para ti, que sustituyera cualquier sentimiento anterior
de apego y de pertenencia.
Volvería a
cortarme el pelo, a cambiar de gafas, a cambiar de país.
Y así volvería
el equilibrio en este mundo.
Y así,
colocaría el primer brote en flor, en mitad de un desierto helado.
Los Amantes del Círculo Polar
Now Playing:
Heart of Gold --- Johnny Cash
"It keeps me searching for a Heart of Gold...
And I'm getting old."
Solitary Man --- Johnny Cash
"Don't know where I am, but until I can find me
a girl who'll stay and won't play games behind me
I'll be what I am: Solitary Man"
Ahora mismo, me encuentro al borde de cruzar el círculo polar. A cinco insignificantes días.