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| Firenze window at night, Colin Prince |
No podía dormir.
No podía dormir y no paraba de
dar vueltas en la cama. Los pies aún fríos luchaban contra un nudo de sábanas.
La almohada la asfixiaba y el sudor no saciaba su sed.
Abría los ojos y aparecía el
espectro naranja del centro de la ciudad. Pixelado por las rendijas de la
persiana. Parecía su edredón un manto de estrellas incómodo.
Cada vez que intentaba cerrar
los ojos se agitaba en sueños.
Y soñaba.
No los sueños plácidos de una
niña sin preocupaciones. Dormía repasando mentalmente todas las cosas por hacer
que no había empezado. Ordenada, vestía y aderezaba los fantasmas de noches en
vela delante de los libros. Delineaba en los folios a carboncillo los barrotes
de su cárcel.
Y soñaba.
Con verdes colinas y una villa
blanca de tres pisos. Con bosques de columnas corintias. Con una sombra que se
cernía sobre ella, que no la dejaba escapar de esa bucólica pesadilla. Alguien
se aferraba a su cintura, la amenazaba de muerte. Pero sus ojos no captaban
más que belleza. Allá lejos en la colina, el viento mecía las adelfas. Tras de
sí, un monstruo trajeado juraba arrebatárselo todo.
Intenta correr. Intenta salir
allá donde las altas hierbas la oculten. Allí donde estará felizmente sola,
lejos de esas columnas de esa blancura impoluta y del dolor en el pecho, como
si la hoja de un puñal la hubiera atravesado y no la dejara escapar.
Y despertó.
El sudor bañaba sus piernas. El
pelo enmarañado parecía un río de tinta por su espalda.
Abrió los ojos durante un largo
rato. Tomó consciencia de todo cuanto la rodeaba: la mesita de noche seguía
igual, con el libro casi al borde, la lámpara vieja y el reloj entonando el
réquiem de la noche.
Por un momento sintió
nostalgia. Se hizo un ovillo entre sus sábanas y llenó su mente con ideas que
la hacían feliz.
El invierno en el pueblo, las
calles grises, oscuras y espejadas por la lluvia. El sonido de la nieve bajo
las pisadas. El abrazo de una madre debajo de las mantas. Un gato ronroneando
al lado de la chimenea. La nariz sonrojada por el frío ante una taza de chocolate caliente.
Y entonces pensó en la
distancia.
En el sol naranja, elevándose
en un paisaje a kilómetros de allí, tanto en el espacio como en el tiempo. En
los árboles blancos. En la noche más oscura. En el ruido del silencio. En la
nieve bajo los pies descalzos. En el olor a madera quemada en invierno.
Y así volvió a dormir por fin.
Y los sueños la dejaron soñar
despierta.
Now Playing: Wind --- Brian Crain.
Y así se pasan las noches. Cada una copia de la anterior. Hasta que ordene los papeles mojados del día a día y deje de soñar.

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