[...]
"...El ascensor
bajó del quinto, dibujando una estela vertical de luz en su cara. La misma
línea que dibujaría una lágrima si la tuviera. No en ese momento.
Él se marchó,
dejando que la puerta se cerrara tras de él, con la misma lentitud que las
agujas del reloj marcaron el segundo. El portazo, el próximo latido del
corazón, que sonó a cristales rotos contra el suelo. Un suelo que destilaba
barro y lluvia.
En ese momento
recordó el ruido de las piedras rebotando en la ventana, de los pedales de la
bicicleta una noche de agosto. Recordó el ruido de su peso al caer contra el
suelo. Como quien cae al vacío.
Las cosas
habían cambiado en cuestión de muy poco tiempo. De segundos, de portazos, de
suspiros, de gemidos, de golpes, de lágrimas, de pasos, de caídas y de
sonrisas.
Le recordaba a
él, tomándola de las manos, mirando y leyendo a través de sus ojos con la misma
devoción del niño que mira un pastel a través del cristal del horno. Le
recordaba a él, besándola en la mejilla, dibujando el contorno de su cara con
el dedo índice.
-No sabes lo
preciosa que estás ahora.
Lo estaba. Con
el pelo enmarañado de la humedad, los ojos brillantes y el corazón alegre.
-Cuando te vi
esta noche, sentada al lado del balcón, con esa flor en el pelo, pensé: guau…
Y las hojas de
los árboles empezaron a caerse creando un edredón rojo en el suelo. Un edredón
del mismo rojo de aquél que yacía en su cama.
-Mírame a los
ojos y dime cuánto te gusto. De una escala del cero al doce, ¿yo qué número
soy?
-¿Qué esperas
que conteste a eso?
-Peleo por un
doce, por supuesto.
Y su olor se
convirtió en aquel en el que ella podría perderse, dormirse, construirse una
fortaleza que la protegiera para siempre y cuyas murallas fueran sus brazos.
-¿Aún estás despierta?
-Sí, aunque son las tres de la mañana...
-Entonces mira por tu ventana y ábreme la puerta.
Pero las piedras de la muralla eran grandes y pesadas. Ese tipo de piedras que caen con facilidad.
-¿Aún estás despierta?
-Sí, aunque son las tres de la mañana...
-Entonces mira por tu ventana y ábreme la puerta.
Pero las piedras de la muralla eran grandes y pesadas. Ese tipo de piedras que caen con facilidad.
-Dame
libertad. Después de este mes sobreviviendo aquí me he dado cuenta de que no
eres la chica más bonita. No puedo darte lo que buscas. Ojalá pudiera.
Y la flor de
su pelo se perdió allá en el mar Báltico, desdeñada, impulsada por el viento a
la deriva. Volvió a convertirse en tormenta, en agua, en fluir. La bomba de
relojería empezó a fraguarse en su cabeza, los cables se cortaron.
Y estalló el
desastre.
Y volvieron
las noches a oscuras, sentada junto al balcón observando luces blancas.
Esperaba quizás que él volviera por esa puerta a sorprenderse con su persona,
con su fragancia, con sus manías y con sus sonrisas de punto y seguido.
Ahora la
sonrisa se dibujaba invertida y gritaba punto y final.
Él salió por
esa puerta, dejándola junto al balcón, con el pelo enmarañado por la humedad,
los ojos brillantes y el corazón montado en un ascensor rumbo a la planta baja. No era la muchacha más bonita del lugar.
La puerta se
cerró tras de él. Un segundo bastó para que ella la volviera abrir.
La luz del
ascensor en el pasillo recortaba su figura en la oscuridad. La distancia entre ellos
era eléctrica y estática.
-Jamás sentiré
nada por ti. Nunca nada como lo que buscas. Nunca jamás.
Y empezó a
llover.
Algo en él se
movió, como aún nostálgico. Como si buscara un abrazo de buenas noches.
Algo en ella
se movió, como si buscara algo. Como si pensara que ahora debía encontrar otra
persona en la que perderse y por la que valiera más la pena pelear.
Y su mente
montó en otro ascensor rumbo a un piso más alto, cuando verdaderamente su
corazón ponía rumbo abajo, intentando recuperar a la persona que acababa de
abandonar el edificio."
[...]
Now Playing: Upward over the Mountain --- Iron and Wine

http://www.youtube.com/watch?v=AkFqg5wAuFk&feature=fvwrel
ResponderEliminarRE, SPECT, WALK.
WHAT DID YOU SAY?
BE YOURSELF, BY YOURSELF,
A LESSON LEARNED IN LIFE, KNOWN FROM THE DAWN OF TIME