jueves, 26 de julio de 2012

My Defense.



Al borde del precipicio un joven Werther se lamentaba por la pérdida de un amor que siempre creyó puro y que lo había carcomido por dentro como una madera vieja. 

De su garganta y de sus lagrimales salía tormenta. Una tormenta ruidosa y chirriante. 
Cualquiera que lo escuchara in situ pensaría que a ese estruendo de gritos y llantos le sucedería el Apocalipsis. 
De hecho, casi lo fue. 

Con la mano temblorosa empuñó una pistola que sacó del bolsillo de su gabardina, pensando que él no era más que un estorbo, una anécdota en el transcurso de la Historia. Un ente despreciable y prescindible para su amada. Y con ese pensamiento se acercó el cañón de la pistola a las sienes. Apretó los ojos fuertemente, que aún desparramaban tormenta por ellos. Quiso apretar el gatillo. Pero el genio brilló de repente en su cerebro.

La pistola resbaló de sus dedos que se habían convertido en aire, en torbellino, en pasión y ganas de vivir.

Y gritó.

Todas las metamorfosis son dolorosas”, le comentó la Ninfa Dafne una vez, mientras él se recostaba a su sombra y saboreaba una de sus hojas de laurel entre los labios.

Y efectivamente. Aquella estaba siendo dolorosa. Había acarreado condigo tremendos achaques de dolor que sólo un alma enamorada puede comprender.

Werther gritó.

Al principio por el dolor que notaba en su pecho, que explotó, manando de él una maraña de tinta y de lluvia negra, que asoló todo el precipicio, como la onda expansiva del más brutal de los explosivos. Y de las ramas, negras de tinta, de los árboles, pendían las letras lánguidas. Vacías de sentido y de significado.

Poco a poco ese grito varió el tono. Pasó de ser un grito desgarrador de dolor a un grito de guerra, de orgullo, de rabia.

Iba a seguir de pie. Iba a dejar de torturarse.

Su valor y su fuerza eran su mejor defensa.



Now Playing: Little Dreamer --- Ensiferum



He dejado de ser un laurel para salir corriendo. Lejos. Fuerte.

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